
Nada pasó todavía.
Por eso todo es posible. Unos ojos se deslizan curiosos y descubren sin buscar. Una boca se posa roja sobre un borde, con ganas de besar. Y el deseo de ser transparente o ser agua inunda el espacio. Las ganas dejan de ser y se transforman en manos que acarician, en labios que se mojan, en risas contenidas. Y el destino le invita a jugar.