Contigo aprendí que el amor tiene mil caras y que ninguna de ellas es, probablemente, la correcta. Aprendí que el amor es siempre imperfecto e inestable y que cambia de color igual que el cielo a lo largo del día, que se rige por sus propios estados emocionales y que no tiene dueño. Contigo aprendí que el amor puede hablar a través de silencios y esconderse en una mirada
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